MIMI REINA PRESENTA EN ISLA CRISTINA SU PRIMER POEMARIO “CARNE HECHA VERBO”

El Hall del Teatro Horacio Noguera fue el escenario elegido por la joven isleña Mimi Reina para presentar su primer trabajo literario, un poemario que sale al mercado bajo el título Carne hecha Verbo. La cita contó con la presencia del teniente de alcalde y concejal de Cultura, Jerónimo Sosa; la autora; y Jesús Fernández Duyar, encargado de conducir el acto y desgranar ante el público tanto la obra como la trayectoria de su autora.

Sosa abrió el acto con un discurso cercano y emotivo en el que reconoció el impacto que le causó el libro desde su primera lectura. Destacó su intensidad, su complejidad y el modo en que cada poema exige ser leído en el momento adecuado. Incluso confesó cómo las páginas en blanco del poemario lo desconcertaron hasta entender que formaban parte del propio sentido de la obra: espacios abiertos para que cada lector pueda dejar allí lo que la lectura le remueve. Tras sus palabras, cedió el testigo a Fernández, “el maravilloso y extraordinario presentador del Festival Coral del Atlántico”, como él mismo lo describió.

Fernández, visiblemente emocionado, habló de la doble novedad que suponía el encuentro: el primer libro de Mimi y su primera experiencia presentando una obra literaria. Subrayó el carácter difícil, reflexivo y profundamente honesto del poemario, al tiempo que trazó una breve semblanza de la autora: creadora escénica, artista transdisciplinar, poeta y académica, cuyo trabajo se mueve entre la escritura, la performance y la exploración del cuerpo, el trauma y la memoria desde una perspectiva feminista y disidente.

A partir de ahí, la conversación derivó hacia los orígenes vitales y creativos del libro. Mimi Reina compartió cómo su infancia estuvo marcada por una fuerte introspección y una temprana inclinación hacia la escritura y el canto, refugios que anticipaban un universo propio donde crecer. Esa necesidad de mirar hacia dentro la acompañó durante años y también fue la que, llegada la adolescencia, la empujó a dejar Isla Cristina en busca de un lugar donde respirar. Marchó a Madrid con dieciocho años, donde se formó en Dirección Escénica y Dramaturgia en la RESAD y donde desarrolló gran parte de su producción artística. Sin embargo, la isla —aseguró— siguió siendo su refugio en los momentos más difíciles, hasta que finalmente decidió volver para quedarse.

En su relato fue emergiendo el núcleo del poemario: la memoria del trauma y la forma en que el cuerpo lo sostiene y lo expresa. Mimi explicó que Carne hecha Verbo nace directamente de ese cuerpo herido, de un proceso de confrontación con la violencia sexual que sufrió en la infancia y con sus consecuencias: la disociación, la angustia, la depresión, la medicación y el colapso físico y emocional. Antes de ser un libro, Carne hecha Verbo fue un conjunto de textos dispersos escritos para poder liberar aquello que no lograba decir en voz alta, piezas que convivían con dos trabajos escénicos que marcaron su proceso creativo: 12 memorias de un cuerpo violado (2021) y Lunática (2024). En ambas obras, la performance y el teatro le permitieron abordar lo innombrable, aunque —como ella misma confesó— durante mucho tiempo fue incapaz de hablar en escena: eran otras voces las que hablaban por ella.

Mimi describió también cómo la medicación, necesaria para frenar los pensamientos autoagresivos, la sumió en un estado de limbo, de zombificación, donde su mente se movía con urgencia pero su cuerpo permanecía inmóvil. Explicó esa contradicción interna, ese “querer avanzar cuando el cuerpo dice no”, así como el silencio impuesto por la propia imposibilidad de hablar sobre el dolor. La tristeza, la angustia, la congelación, el caos, la necesidad de camuflar el sufrimiento tras una sonrisa heredada, el duelo acumulado… Todo ese territorio emocional está recogido en el poemario, convertido en palabra y símbolo.

A lo largo de la presentación, Mimi insistió en la importancia de contar con espacios seguros desde los que poder nombrar la herida. Recordó que hablar del trauma es difícil, pero necesario; y que, en su caso, el arte ha sido siempre un canal de supervivencia. Su escritura no busca la complacencia, sino la verdad: visceral, fragmentaria, intensa, profundamente humana.

Hacia el final del acto, el público comprendió que Carne hecha Verbo no solo narra un proceso: es, en sí mismo, un proceso. Es la huella de una vida que ha atravesado la oscuridad y que ha encontrado en la palabra un camino de resistencia.

Carne hecha Verbo es un poemario autobiográfico escrito a través de un cuerpo colapsado por el trauma, en mitad de un proceso artístico y vital atravesado por la depresión, la ansiedad y la memoria de violencia sexual en la infancia. Cada verso es visceral, autobiográfico, fragmentario y refugio. A través del arte y la palabra encontré una forma de resistir y seguir existiendo. Este libro es un gesto de supervivencia. Un acto de reparación simbólica y de justicia poética.

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